Los seres humanos no reaccionamos a la realidad, sino a lo que cada quien tiene como realidad, porque en vez de vivir en el mundo individualmente cada quien vive en su propio mundo interior, construido con las ideas que le han inculcado desde la infancia o con las ideas que ha formulado dentro de su mente. El funcionamiento de la mente comienza con las ideas interpretativas de la realidad y de esa interpretación (percepción) se desprenden consecuentemente las reacciones emocionales.

La educación, la enseñanza y los adoctrinamientos que las personas han recibido desde niños, han condicionado su capacidad de captar la realidad y por eso la distorsionan brusca y finamente, de acuerdo a la violencia y a la rigidez de las creencias e ideologías que fueron sometidos en la infancia. La mente queda condicionada por los aprendizajes de la infancia a ver algunas cosas indiferentes, como malas o como buenas, sin que estas en sí mismas aparezcan como tales en la realidad. No reaccionamos a lo que en realidad somos, sino a lo que creemos que somos, de hecho las personas no reaccionan como son, sino como piensan que son.

“Somos el tamaño de nuestras ideas.”

Todo el aprendizaje es dependiente del estado de animo de la persona, el aprendizaje no es solo mental, ya que la memorización y el sentido de lo aprendido está relacionado con los sentimientos. El cerebro da prioridad de atención a la información relacionada a emociones. La corteza cerebral se guía fundamentalmente por patrones y no por hechos.

Es necesario quitar las ideas negativas, las ideas inútiles, para dar cabida a nuevos pensamientos, y a nuevas actitudes, porque mientras la mente este ocupada por todos los recuerdos y todos los adoctrinamientos del pasado no podrá recibir una sola idea nueva.

Por tanto es muy sano entender y comprender que no estamos en la vida para tratar de evitar lo que puede pasar como accidente, sino para aprender algo con cada lección que nos dan lo sucesos. Ya se ha dicho que no somos responsables de lo que nos acontece, únicamente de la respuesta de la actitud que asumimos ante lo que nos sucede. La respuesta ante lo inevitable es convencernos de esto: nacimos para responder dignamente a lo que suceda (sea agradable o desagradable, solo son lecciones).

Fuente: Neuropsicometría


 

Autor

Jorge Letayf

Director de Mercadotecnia RE/MAX México